viernes, 27 de enero de 2012

¿Quièn eres, y qué haces en mi casa?

Hacía mucho tiempo que no veía a Martín, exactamente un año. ¿Lo amaba? Si, antes, Ahora sólo queda un incomodo recuerdo. Recuerdo que me sentía hermosa con él, no se  si era lo que el producía en mi o si realmente lo era.
Hoy todo ha cambiado, queda poco de la neblina romántica que sentía.
Estoy segura que todo lo inventé, siempre queriendo vivir con el corazón en la mano.
Esa tarde me sentía abatida, incluso abandonada, ansiosa.
Decidí ir a la ciudad a grabar unos temas para su disco. Estaba nerviosa, tenia miedo de su reacción ante mi, he cambiado un  poco el ultimo año, al menos no estoy muy preocupada de mi misma ni de cosas superfluas, no estoy dispuesta a jugar el papel  de la cumplidora de deseos.
Cantamos, grabamos, estábamos en casa de  Juan, un amigo de Martín. Pasaron las horas y se hizo demasiado tarde para tomar el autobús y regresar a casa. Juan dijo que podría quedarme en su casa. Juan vive con esposa, un bebe y un hijo anterior de ella. Juan dice que no ama a su esposa, que extraña su vida de soltero.
Al final llame a casa y le conté a mi padre que dormiría en aquella casa de familia.
Salimos un rato a tomar unas "chelas", llegaron mas conocidos y desconocidos, estuvimos un rato en la calle , "freestaliando" riendo.
 Había un chico que tenia una furgoneta y como hacia frío decidimos entrar y poner música. Martín que había estado alejado de mi toda la tarde, me abrazó. Juan dijo que había tomado mucho y salio porque quería vomitar, nunca regresó.
Seguimos conversando y de pronto solo quedamos Martín, un desconocido, el dueño de la furgoneta y yo. Martin prestó su memory stick al dueño de la furgoneta para poner música. Ya queríamos irnos pero el memory no aparecía.
- Te me lo fuiste llevando, tengo cosas importantes ahí- dijo Martín al dueño de la furgoneta.
-¿Me estás diciendo ladrón?-Respondió  este.
Comenzaron a pelear, yo sólo gritaba. Nos metimos a la urbanización con Martín.
- Ven acá si eres hombre- dijo el dueño de la furgoneta.
Caminamos a oscuras, dirigiéndonos a la casa de Martín, llovía, eran cerca de las 2 de la madrugada.
- Tendrás que quedarte en mi casa, pero mis padres no lo pueden saber-
Yo no tenia otra opción, al menos hasta que amaneciera. Entramos a la casa, Martín subió al cuarto de sus padres para avisar que  había llegado, me dijo que que quedara escondida en la lavandería-garaje por si alguien bajaba a tomar agua.
Me sentía como una ladrona, la lavandería tenia olor del agua estancada., no sentí miedo, solo tristeza. Ahora estaba mas segura que nunca que Martín nunca me había querido ni en lo mas mínimo. Escuche pasos, quede paralizada y escondida en el frío, intente no respirar. El padre de Martin había bajado a tomar agua, vio que la puerta de la lavandería estaba abierta se acercó, estaba a tan sólo unos centímetros de mi, observó alrededor, no me vio y cerró la puerta.
Martín vino luego a traer unas cobijas, con señas me indicó que me quedara en el sillón y que me tapara con las cobijas, que no hiciera ruido, que luego regresaría.
Pasaban los minutos, escuche las voces de sus padres y de su hermana. Pedí con todas mis fuerzas que se durmieran. Me sentía realmente enferma. Me vinieron a la cabeza todas las historias de niñas coladas en una casa, todas eran hermosas al final acogidas y amadas en ese lugar, no era mi caso, yo debía irme lo antes posible, con el primer rayo de sol.
Escuché pasos en la escalera, dejé de respirar, cerré los ojos con todas mis fuerzas y alguien empezó a palparme la cabeza. Me destaparon y me encontré frente a unos ojos fieros y profundos. ¿ Quien eres y que haces en mi casa? me preguntó.
- Hay una historia- respondí.
Le expliqué lo sucedido, Martin también.
Después de discutir un rato, el padre dijo que me podría quedar ahí hasta que amaneciera. Martín me acompaño, me besó, pero yo estaba lejos, no sentía nada.
Empezó a amanecer. Arreglé mis cosas, dejé una nota de disculpas. Salí de la casa  y un sol gigante me dio los buenos días. Sonreí y emprendí el camino a casa.

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